viernes, 12 de agosto de 2011

Atrapado en Portoviejo




A Guillermo Salas, por las historias

Estaba colérica, emputada, a segundos de gritarle a quien organizaba la tocada, que por qué mismo no empezaba. Eran la siete de la noche y el afiche anunciaba todo a las tres. Cosas de logística, le dije, intentando calmarla, de que la mirada enferma de Ton Araya la cambiase por una coqueta a lo Cristina Escabia. Nada, el rostro de Glen Benton la acompañó aún después de iniciar todo y de la tercera banda en escenario.

Portoviejo no es la ciudad manabita que nos encante, pero ahí estábamos, siendo parte del público que había acudido al Porto X tremo, concierto que tenía como cabeza de cartel a los mexicanos Mortuoria. Más allá de la participación de las primeras bandas, nos impresionó la cantidad de adolescentes oyentes de punk y hard core, muchachos y muchachas no mayores de 18 que aparentemente gustaban del rock, sobre todo del que se apreció el pasado sábado 11.

No me dejó sólo, lo que dificultó la chupa, joda y vómito de palabras. Pero esto me sirvió para ponerme a trabajar (si es que el editar una revista de bajo presupuesto y que casi nunca se vende se lo puede llamar trabajo, me recordó Noemí, siempre tan oportuna y alentadora). Ser periodista rockero puede ser un problema cuando no se escucha atentamente a cada banda, los análisis no aparecen mágicamente en la pantalla de la compu (pensé y repensé, y aborté la idea de soltárselo a mi compañera).

Agrupaciones como Mancha negra, Notoken (guayaquileños) emocionaron a una considerable cantidad de jóvenes que moshearon con cada uno de los temas de estas bandas punk. Por su parte Argoth y Blizzard (aunque solo el vocalista perteneciese a ella) ofrecieron impecables covers heavy a los alocados asistentes.

Mortuoria, potente banda death metal mexicana, justificó su gira por Ecuador y su paso en Portoviejo. Excelentes, envolventes, agresivos y también melódicos temas que se valoraron de principio a fin. Tienen personalidad y eso es suficiente para que destaquen. Luego de ellos subiría Barbarie, joven banda thrash que a pesar de solo tocar covers evidenciaron una vez más (para quienes les estamos siguiendo la pista) el talento de sus también jóvenes integrantes: feeling, agresividad y talento conjugados. Posteriormente Aneurisma afirmaría la sentencia de que el esfuerzo y la constancia son las herramientas justas para cada artista, esto se evidenció en su participación, donde todos los temas thrash inéditos (parte de su primer, y actualmente promocionado, demo) denotaron mayor trabajo, tanto vocal como instrumental.

Continuarían Agonía con su característico brutal death (ya preparan la reedición de su demo Ritual Sadismo); Incarnatus (guayaquileños) machacando cabezas con su black metal; Noctum y su rústico pagan black metal en constante depuración; y finalmente Ancient death (guayaquileños) devastando el alba -ya eran las dos de la mañana cuando empezó su participación- con su aniquilador black metal.

Noche larga, viaje pesado, esposa colérica: malas combinaciones. Igual sobrevivimos a la fría madrugada de la terminal de allá (la parte siempre triste de visitar la capital manabita), solo para convencerla de que cada concierto es igual: camisetas negras hiendo y viniendo, humo, cerveza, risas, camaradería, confraternidad, horas y horas de conversar, entrevistar, fotografiar, tomar apuntes. Nada recomendable para una chica de su alcurnia.

Ahora, mientras termino velozmente esta crónica, espero que no se le ocurra acompañarme el próximo viernes 17 en la noche; Pedrulo, pana rockero, organiza La gala del rock. Será en Manta (mi ciudad y la de otros metaleros) y tocarán Willy wong and The brothers, La Rola, Guerreros de cartón y Garkus. Será a las ocho, y eso me alivia, ella deja su trabajo a las nueve. Esta vez no podrá acolitarme, seré libre, ¡libre!.


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