sábado, 19 de octubre de 2013

Páginas desconocidas # 3




De las recientes propuestas comunicacionales, dentro del movimiento rock metalero de Ecuador, Páginas desconocidas (de Cuenca) empieza a ganarse un merecido nombre en el periodismo metalero. Su tercer número (septiembre/noviembre) habla de ello.

Este número incluye desde un editorial que denota la ideología del medio hasta entrevistas y biografías a bandas como Projecting blood, Canal blus, Perla negra, Morbo, Gale, Eutanos, Criptor, Sublevación postmortem, Rotten company (bien pensadas las respuestas a la entrevista que le hacen), Ecos del metal (programa radial). Además de reseñas. Imperdible la segunda parte del artículo El rock en Morona Santiago.     

Lo que me parece un texto que desencaja es La educación, difícil situación ante la migración de Ana Auquilla. Más allá de que la autora proponga un criterio en torno a un problema social que ha afectado el núcleo familiar de los ecuatorianos, no logra encajar en la temática de la revista, y no lo hace porque no encuentra el nexo apropiado para yacer en esta edición. Su incursión es forzada.

Sin embargo sigue en pie el objetivo de esta revista: visibilizar a toda costa las propuestas bandísticas del país, e ir reafirmando cada uno de los distintos géneros que conforman la escena rock metalera.

La revista la pueden leer haciendo clic aquí.   

Después de esta noche


Raxas, banda mexicana de amplia trayectoria, me ha llegado en estos días gracias a la promoción intensa de los amigos de Brutalidad Total (Guayaquil-Ecuador). Una banda que desde su heavy metal exprime cada momento de vida y lo vuelve necesario de consumir desde el metal.

Después de esta noche, Raxas y Luna de abril son los temas promocionales (a propósito de su último álbum) que suenan con insistencia en mi reproductor. 

La biografía oficial de la banda la pueden leer desde su web. Mientras vuelvo a escuchar, una vez más, Después de esta noche. Y que el heavy no pare.

 





miércoles, 9 de octubre de 2013

El escuadrón llegó a Quito





Por Cristian López Talavera



Cerca de las tres de la tarde recibo una llamada de mi amigo Edgar para “hecharnos” unas bielitas en alguna cantina de la capital. Estoy sin dinero y con ganas de salir de mi casa. Quedamos en encontrarnos dentro de dos horas, 10 minutos después miro en el Facebook una foto de un amigo con Óscar, el vocalista de Lujuria, inmediatamente recordé que era 21 de septiembre, día del concierto de los españoles en la capital, le digo a Edgar que mejor nos encontremos en el sector del Labrador para ir al concierto, tomar las cervezas y disfrutar de un buen concierto de heavy metal.


Pedí prestado 45 dólares y me dirigí al concierto, llegué cerca de las siete de la noche y me encontré con Edgar, nos dimos una vuelta por el lugar y vimos que había gente haciendo cola para el ingreso. Compramos una botella de Norteño y las entradas, que para ese momento estaban a 20 dólares. De a poco iban llegando conocidos, con los cuales nos tomamos la botella y algo más. Ingresamos al recinto del concierto, justo a la banda ecuatoriana Sueño Eterno, buen show de estos quiteños, pero una sorpresa, el amigo Felix Aguas era parte del grupo, alegría dentro de la nostalgia que fue rememorar conciertos, de esos tiempos colegiales, en donde vimos a grandes bandas y la escena nacional metalera era de las más importantes, cosa que en este tiempo último da vergüenza ajena. 


Con esa introducción, le tocó el turno a los españoles Lujuria, vale aclarar que esta banda de Heavy Erotic Metal, como ellos se hacen llamar, habían pospuesto su venida a Quito, cerca de tres veces, por razones varias, pero ahora ya estaban en la ciudad, nosotros esperábamos su ingreso.



Tras el concierto en Quito, Óscar, vocalista de Lujuria,compartiendo con periodistas y fans.




Las luces se apagaron. Empezaron las silbatinas y los gritos, a los 45 segundos de esto, comenzó a sonar un intro, un sonido épico, así, sin mucho barroquismo hicieron su ingreso, de a poco los Lujuria, hasta que Óscar, con su sonido estruendoso dio un saludo a los presentes, que para esto ya habían copado el pequeño lugar, llamado Miami Concerts, e inició el sonido de la batería, con esto la canción Sexurrección, nombre de la gira sudamericana. 


Algo que siempre ha sido particular en los Lujuria ha sido la indumentaria llamativa de Óscar, esta vez no fue la excepción, colores intensos y pegados a su cuerpo. Su melena a cada instante daba un brillo como el diablo. Sin duda, Lujuria sabe dar un buen concierto de heavy metal. 


No puedo decir nada en contra de Lujuria, para mí es una de las mejores bandas españolas actuales, ya son 20 años de buen heavy metal, discos como Cuentos para mayores, República popular del coito, Enemigos de la castidad o el hermoso disco Llama Eterna, pero si a la organización, un sonido de llorar, la vocalización de Óscar se dispersaba, no se le entendía en algunos momentos, las guitarras no sincronizaban, el local, se conoce de antemano, que no es bueno para un concierto de Heavy Metal, pensé que jamás iba a criticar esto, pero sí, basta, la entrada tenía un valor de 20 dólares, el local estuvo casi lleno, la gente que pagó su boleto se merecía respeto, pero también hay que agradecer a Lujuria por el esfuerzo que hizo y sacó un buen show, aunque a decir de quien escribe, esperaba un poco más, ya que en videos de otros conciertos el show era diferente y mejor. 


Pasando al concierto, temas como Dr. Jekill & Mr. Hyde, Cadena Perpetua, Cuando caza una pantera, Amor y Lujuria, Corazón de Heavy Metal, una de las más coreadas, pero el punto emblemático fue Destrucción, de los míticos argentinos V8, que consta en su trabajo Llama Eterna. 

 



Con esa personalidad que caracteriza a las bandas españoles, Lujuria demostró porqué siguen vivos ya 20 años, asimismo pudieron vivir el somos latinos, sintieron el poder latinoamericano, la fuerza que nos caracteriza. Óscar, latinoamericanizado, desató su poderío, desgarró sus cuerdas vocales en la capital, que siempre está hambrienta de Heavy Metal. Pero no solo Óscar es Lujuria, está el Chepaz, que con su carisma logró conquistar el cariño del público; aunque Javier Gallardo, parecería un hombre callado, no lo es, él tiene alma de Heavy, por eso ha perdurado en Lujuria por muchos años, ya es un ícono dentro del Heavy Metal español. Qué más puedo decir, agradecer a Lujuria por ese desborde de energía.


La noche del 21 de septiembre, a la salida del concierto no fue la misma, con Édgar íbamos coreando: “No hay sentimientos, manda el instinto/ su apetito quiere saciar”. Era el instinto del Heavy Metal, comernos la noche, apoderarnos de lo que restaba de la vida. Ahora esperamos el concierto de Massacre, el 16 de noviembre. De seguro, Ego Abominable, estará en el concierto, para poseernos de los sonidos del averno.  
 




miércoles, 11 de septiembre de 2013

El fan

Bobby Liebling vocalista de Pentagram.

Existe un individuo(a) al cual le resultas motivo de su existencia, aquel complemento necesario para sostenerse en la vida, que encontró en tu música esa excusa perfecta para vanagloriar y apoyarte hasta en tus peores momentos. Ese sujeto es el fan, aficionado o seguidor. Un miembro secundario importante dentro del ascenso y posicionamiento de tu banda.

¿Cómo? Bueno un fan es quien cree en ti, en tu arte, en todo lo que digas y hagas, el que te ve con ojos de magnificencia, el que te proclamó ídolo entre ídolos, el que tiene su cuarto lleno con tus fotos, que ha guardado celosamente tus promos, demos, álbumes, Lp's, split. Que posee una carpeta con todos los recortes de prensa donde ha aparecido tu banda, que protege con muchas copias los archivos digitales donde consta tu agrupación. Que se sabe cada una de las letras de las canciones y conoce los motivos específicos que antecedieron cada creación. 

Este fan, es el que lleva puesta una camiseta con el logo de tu banda. El que se ha juntado con otros similares y creado un club, donde como objetivos tienen apoyarte con fuerza en los conciertos. Desde su asociación te dan todo el respaldo necesario, con la única condición de que tengas (junto con tu banda) un trato especial (no de groupie) que sea recíproco con el interés de ellos.  

Es cierto que para una banda de metal extremo le será extraño poseer un club de fans ayudándoles en la promoción. Otros géneros y sus representantes han tenido mejor apoyo, dígase Iron Maiden, Metallica, etc. Agrupaciones que se volvieron populares y fenómenos globales, pero en tu caso, o en el caso de tu banda dependerá cuánto ansías que el reconocimiento llegue mediante tus fans.   

Last days here
(2011) es un documental que habla de la banda estadounidense Pentagram y de la desenfrenada vida de su vocalista Bobby Liebling, pero que además -y me parece que ahí está la riqueza del film- habla del fan, de uno en particular: Sean “Pellet” Pelletier, quien descubre a Pentagram y luego a su mítico vocalista quien atrapado en las drogas y la soledad intenta hallar una mano amiga. Pellet es esa voz, desde entonces se vuelve el amigo, mecenas y representante de su ídolo. Se vuelve su creyente, aunque su ídolo trate de volver a su sombra de perdedor.

Esta película es clara en su mensaje: el fan es un ser que puede hacer hasta lo impensable por su ídolo. Así el film muestra a un Pellet ayudando a la desintoxicación de Bobby, sirviendo de intermediario para que la ruptura amorosa de su ídolo no lo vuelva a sumir en el crack y en aquella depresión improductiva. Bellet es capaz de apostar hasta sus propios ahorros para ver nuevamente a su banda viva y a su vocalista de regreso. Lo logra y no se arrepiente del riesgo. Eso es un fan.
(Fragmento tomado del libro Moshpit: cómo tener una banda de metal y no morir en el intento)

viernes, 30 de agosto de 2013

La continuidad de una revista




¿Cómo he podido estar, por más de 10 años, detrás de la edición de una revista metalera? Es una pregunta que me suelo hacer con más reiteraciones de lo debido. Y siempre, tras la interrogante, regreso a la percha donde consta mi colección de fanzines, zines y magazines ecuatorianos y del extranjero, entre ellos la colección de la Marfuz, su historia que es mi historia comprimida en aquellas páginas.



¿Que cómo he logrado hacerlo? Creo que soy un masoquista convencido de su oficio de periodista, uno que con los años ha ido confirmando la importancia de los medios rock metaleros en el país, en la ciudad, de mostrar las historias que están al margen dentro de una escena que a veces no quiere ver más allá.



Desde el primer número, sencillo, con errores ortográficos y argumentos inmaduros, hasta el reciente número 23, existe todo un proceso, donde lo que ha predominado es un periodismo que ha buscado a toda costa evidenciar al país desde sus bandas, su público y las historias que se ha podido vivir.





Con auspicios esporádicos, con la autogestión a cuesta, con la distribución lenta y a pérdida, jamás me propuse ganar dinero mediante la revista (aunque tenga un valor simbólico). El objetivo desde el inicio fue el de apoyar a las bandas que aparecían en Manabí (como parte de la casa a la que me pertenezco) y del país. En las páginas de la Marfuz quedó atrapada la existencia de varios proyectos y agrupaciones que hoy son parte de la historia del metal nacional.



Me he resistido a matar a la Marfuz (ya he tenido algunos intentos)  y volcarme al Ego Abominable (esta bitácora que es como el hermano menor del zine y donde continúo escribiendo y publicando con la inmediatez que ofrece la internet).



Hoy, con un nuevo número en circulación, con historias que hablan del metal ecuatoriano, aquel que no aparece en los medios comerciales de Ecuador, con amigos y amigas que se han sumado a la revista, colaborando desinteresadamente con sus textos, la revista sigue. He renovado mi amor por ella. Me he vuelto a reconocer como un periodista que sigue en una lucha personal: la de volver a los rockeros y metaleros, tanto manabitas como del país, lectores de historias que hablen de sus bandas y de los temas que les interesan. 


Vamos Marfuz, y que tu nombre se aleje de su maldición.