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martes, 8 de noviembre de 2016

Darkness # 28


Resistencia, si se debe clasificar a la revista Darkness de alguna manera, nada mejor que este calificativo, puesto que eso es lo que refleja con este reciente número 28. Una publicación que se resiste a desaparecer y engrosar la lista de los muchos medios impresos que dejaron de circular por distintos factores.

Este número está dedicado al metal ecuatoriano, a las bandas cuyas recientes producciones repercuten tanto en el contexto local como en el internacional. Bandas con trayectoria y también agrupaciones recientes. Bandas de distintos géneros. Una radiografía del metal tricolor en sus más variadas propuestas.


Participan bandas como Total Death (a quien está dedicada la portada), Basca, Hemisphery, Delicado sonido del trueno, Malak, Habamal, Tribus, Decapitados, Colapso, 333, Soul Steel, Madbrain, Profecía (un diálogo ameno), Muerte súbita, Gastrorrexis (entrevista necesaria de leer), Disphexia, Sabra’s cult, Devasted (un guiño al complicado mundo de los organizadores de eventos) y Epidemia (un modelo ideal para un buen ritmo de entrevista). Complementan esta edición el editorial (que tiene más de justificativo de la edición que un planteamiento en sí del medio) el segmento noticias y reseñas.


La revista no ha bajado su nivel de calidad, en cuanto a la presentación y diseño, continúa el mismo estilo ya empoderado desde números anteriores. Además, incluye como anexo un poster en conmemoración por los 25 años de la banda death metal Ente, y también ofrece la posibilidad (para los interesados) en adquirir la revista junto con un cd y dvd donde participan varias de las bandas entrevistadas.

Periodísticamente pudo ser mejor, incursionar no solo en entrevistas, sino en algún análisis en torno a las muchas problemáticas y debates del metal ecuatoriano. Reportajes, crónicas, columnas…existen varias posibilidades para que un medio salga de su zona de confort.


Sin embargo, y este es el mérito de la revista, la continuidad significa que aún hay lectores de medios físicos, que existe mercado para los medios impresos, que la apuesta sigue porque hay quien consume productos comunicacionales. Estar contracorriente es creer en proyectos, y Darkness es un proyecto que va contra una marea de consumidores digitales. Bien por su editor y su apuesta, los lectores tradicionales lo apoyamos.    

miércoles, 29 de junio de 2016

“El ser del rock es criticar”


El concierto anual de la Concha Acústica de la Villaflora, en Quito, es todo un referente dentro de los espacios rock metaleros de los ecuatorianos. Un lugar que ha visto nacer y posicionar a varias agrupaciones. Un espacio simbólico para la representación del rock y metal nacional.
La historia de este concierto la recoge el periodista Pablo Rodríguez en su libro Cuatro décadas de historia. Concha acústica, trabajo donde hace un repaso cronológico del proceso de empoderamiento de este espacio. Una obra clave para entender a un concierto, y a sus gestores.
A propósito de este libro, contactamos a Pablo para conversar de su obra, y de otros temas que la historia del rock y metal ecuatoriano, desde la mirada crítica de sus representantes, mantiene fresca.




Rodríguez junto a José Luis Terán, creador de los medios metaleros Contaminación, Acero, Fuego Negro y Heavy Metal.  

Saludos Pablo, ha pasado más de un año desde la publicación del libro Cuatro décadas de historia. Concha acústica, ¿cuál ha sido el nivel de aceptación que ha tenido entre los lectores interesados?
Consciente de la realidad de consumo de libros en el medio, que registra bajos niveles de ventas, se realizó un tiraje enfocado en el público objetivo, por lo cual este está ya agotado. Luego de mi experiencia con Rocker Magazine, de la cual sus últimos números registraron ventas a la baja, lo cual implicó pérdidas económicas, hubiese sido una irresponsabilidad sacar altos tirajes que luego se quedarían embodegados en algún lugar.

En un país con un limitante de distribución del libro como producto cultural ¿Has logrado llegar a espacios geográficos fuera de Quito?
Tomando en cuenta que, por ejemplo, hay tiendas en la ciudad de Cuenca que hasta ahora no liquidan viejas ediciones de Rocker Magazine, no hay una confianza en establecer un circuito de ventas fuera de Quito, que es mi campo de acción, por lo cual las ventas fuera de esta ciudad se realizaron únicamente bajo pedido.

¿Cuánto tiempo te tomó la investigación y redacción final de la obra?

Algo más de 3 años, pero sobre todo debido a varios periodos de para debido a otras actividades relacionadas con la gestión cultural, ya que al no contar con un presupuesto para investigación, fue imperante alternar esta con otras cosas. 

Músicos, activistas culturales y organizadores relacionados al concierto anual de la Concha Acústica de la Villaflora en Quito.

¿Qué otra información no aparece en el libro?
Solo faltó espacio para poner más fotos. La obra es un relato basado en la unificación de los diversos testimonios que se realizaron con la gran mayoría de actores vinculados al proceso del festival. Unos cuantos, aduciendo exclusividad, no quisieron contar su experiencia, pero al ser un hecho protagonizado por muchas personas, permitió conocer todos los detalles relacionados con este proceso, por ende quienes no participaron con sus vivencias, igual son nombrados junto con la actividad que realizaron.

¿Cómo se logró la edición y publicación del libro mediante el sello de la Casa de la Cultura ecuatoriana?

Con muchos meses de gestión, altas dosis de paciencia y períodos de gestión que obligaron a pasar días enteros en espera de contactar a las personas que facilitan el proceso de impresión. Conocedor de que hay varios casos con inmensos periodos en los que no se imprimen las obras, se tomó medidas adecuadas a fin de poder lograr la publicación del libro. El Fondo  Editorial Pedro Jorge Vera solo realizó la impresión, ya que todo el proceso de diagramación lo trabajó Freddy Landazuri en lo gráfico, Diego Brito hizo todo el diseño, y la edición de textos fue a cargo de Ernesto Proaño y Landázuri también. 

Rodríguez junto José Luis Jácome (músico y creador de la Fanzinoteca en Ambato) y Tania Navarrete, promotora cultural. 

En el mes de abril retomaste, tanto desde las redes sociales como desde artículos en la prensa ecuatoriana, un tema indignante para los rockeros nacionales: la agresión del 96, cuando militares retuvieron y agredieron a los asistentes a un concierto en la ciudad de Ambato ¿Qué objetivo buscas con la exposición y análisis de esta información? Y ¿Qué clase de repercusiones ha tenido tu artículo “La tarde de las melenas caídas”?
Siento que mucha gente cree que todo existe desde el aparecimiento de las redes sociales o desde que empezó el gobierno del régimen actual, por ende  esta actualidad de redes sociales y medios alternativos está dejando en el olvido hechos claves que marcaron el desarrollo de la escena rockera nacional.
Por otro lado también vemos como varias libertades y derechos aún no se aplican del todo y ese sesgo interpelativo al rock sigue latente en cosas como obligar a despojarse de correas, labiales, peinillas, esferos y más cosas de uso personal para ingresar a conciertos de rock –y solo de rock-, ubicando así  en una suerte de criminales en potencia a quienes asistimos a conciertos de este género.
Desconocer hitos históricos que marcaron el proceso de la escena rock, es una forma de pasar por alto elementos que hoy nos permitan entender las formas como ha transcurrido nuestra escena, además de reconocer grupos que al ser parte de esos hitos, hoy tiene un alto trabajo dentro del rock nacional, lo cual los convierte en protagonistas y testigos de una historia intensa en un país que, a pesar de no ser el epicentro de muchas cosas que ocurren en el rock latinoamericano, tiene un proceso que marca una parte de la identidad musical ecuatoriana.
Las repercusiones del artículo se miden en el debate que se armó en redes sociales sobre la persistencia de algunas prácticas represoras, así como el papel importante que tienen varias de las bandas que participaron en el hecho y que se mantiene activas hasta la presente.

¿Ha cambiado la mirada prejuiciosa de la policía y militares respecto a los rockeros ecuatorianos?   
Prácticamente en nada, esa visión normativa y prejuiciosa sigue presente.

¿El concierto anual en la Concha acústica es un escenario para recriminar –desde cada una de las bandas participantes- toda esta clase de atropellos contra los rockeros?
No entiendo la intención de esta pregunta, porque vos no puedes ubicar a un solo festival, de los muchos que hay, como  un generador de críticas al poder y la sociedad en general, ya que TODOS los grupos que tocan en este festival, han tocado su mismo repertorio en TODOS los demás festivales que hay a nivel nacional, además que este repertorio, si bien tiene una alta dosis de crítica social, aborda también temas como el amor, la diversión, el absurdo, la religión y más.
El ser del rock es ese, criticar, tener una voz disidente, y eso se genera desde todos los escenarios posibles, aunque mientras más grandes sean estos, más posibilidades de llegar a más gente se dan, con lo cual   el cometido del rock podría tener un efecto más amplio.
Este escenario ha generado otras cosas que van más allá de la crítica, como por ejemplo la integración generacional labrada en todas estas décadas que el festival está activo, ha sido un generador del uso del espacio público como medio para expresar identidades culturales, y por ello se ha mantenido en todos estos años.

Desde tu mirada de investigador y periodista ¿Qué otros temas aún falta por dar a conocer a los lectores? ¿Trabajas en algún nuevo proyecto relacionado al rock ecuatoriano?
Pues hay muchas cosas que contar, solo como ejemplos, la tendencia del metal extremo que tendrá su prioridad en este año a juzgar por las producciones discográficas que diversas bandas de este tipo están sacando, otro tema es las bandas que en lo que van del año ya han salido a girar en el extranjero, entre otros.

En cuanto a libros hay dos proyectos, uno se llama  Charlas de Rock, que consta de una serie de entrevistas a actores claves de la escena nacional, y otro una revisión al proceso que ha seguido el metal extremo en Quito.

miércoles, 2 de julio de 2014

De periodistas rockeros y otros innecesarios





¿Qué importancia tienen los medios de comunicación rock metaleros, en un presente plagado de “periodistas de redes sociales”?, ¿Continúa siendo necesaria la mediación: medio de comunicación – público para difundir a una banda nueva o posicionada?, ¿Cuánta apertura para cubrir un evento existe para los periodistas especializados?, ¿Se reconoce al periodismo rock metalero como una profesión?

Dos momentos me llevan a reflexionar sobre este tema: 1) el editorial del reciente número de un magazine ecuatoriano, y 2) la opinión de un periodista local especializado en el tema. Ambos coinciden en puntos preocupantes: la idea errada de creer que las redes sociales vuelven periodista a cualquier fan y la exigencia de falsos “metal star” en intentar imponer a toda costa una promoción que no se ha ganado con humildad sino con arrogancia y mentiras.

Es cierto que los medios de comunicación especializados en rock y metal, en soporte impreso, fueron en su mayoría saliendo de circulación, pero también es cierto que muchos de estos medios de comunicación migraron al soporte digital, sea desde un blog o una página web donde continuar su labor periodística. Sin embargo la irrupción de las redes sociales fueron representando un problema para quienes eran profesionales (sea por titulación o por experiencia, o ambas cosas) en esta área. Así fueron apareciendo “periodistas”, críticos y analistas, convencidos que la promoción por estos medios justificaba su labor comunicacional.

Este falso periodismo ha minimizado la profesión de comunicador, sobre todo de especialistas en rock y metal (que para ser francos solo pocos pueden ostentar tan designación, sea por sus años vinculados al movimiento nacional o porque sus reflexiones y trabajo periodístico lo amerita). Fomentando la idea errada de que un comentario posteado o un álbum con fotos desde un perfil es todo lo que se necesita.

Y mientras, se han erigido bandas “famosas” desde las redes sociales, bandas que anuncian que sus trabajos se editan fuera del país, que publican álbumes completos con fotos para reconocerlos, convenciendo (sí, esta es la palabra) a periodistas de que los promocionen mediante entrevistas o reseñas y a cambio ofrecen un material en físico que jamás envían. O cuando existe más “sabiduría” exigen a los pocos que continúan detrás de medios impresos, que ubiquen a sus bandas en las portadas, porque son reconocidos, tienen seguidores, aparecen todos los días posteados en Facebook.

En esta realidad donde las redes sociales crearon “periodistas”, donde las bandas promocionadas (desde sus mismas cuentas o la de amigos) se van creyendo su propia percepción de difusión, solo le queda al periodista comprometido con su labor silenciosa y constante, el continuar pensando, analizando y sobre todo hacer periodismo con el propósito de informar adecuadamente lo que otros no hacen. Ser el lado B de la realidad que otros no desean ver. 

viernes, 30 de agosto de 2013

La continuidad de una revista




¿Cómo he podido estar, por más de 10 años, detrás de la edición de una revista metalera? Es una pregunta que me suelo hacer con más reiteraciones de lo debido. Y siempre, tras la interrogante, regreso a la percha donde consta mi colección de fanzines, zines y magazines ecuatorianos y del extranjero, entre ellos la colección de la Marfuz, su historia que es mi historia comprimida en aquellas páginas.



¿Que cómo he logrado hacerlo? Creo que soy un masoquista convencido de su oficio de periodista, uno que con los años ha ido confirmando la importancia de los medios rock metaleros en el país, en la ciudad, de mostrar las historias que están al margen dentro de una escena que a veces no quiere ver más allá.



Desde el primer número, sencillo, con errores ortográficos y argumentos inmaduros, hasta el reciente número 23, existe todo un proceso, donde lo que ha predominado es un periodismo que ha buscado a toda costa evidenciar al país desde sus bandas, su público y las historias que se ha podido vivir.





Con auspicios esporádicos, con la autogestión a cuesta, con la distribución lenta y a pérdida, jamás me propuse ganar dinero mediante la revista (aunque tenga un valor simbólico). El objetivo desde el inicio fue el de apoyar a las bandas que aparecían en Manabí (como parte de la casa a la que me pertenezco) y del país. En las páginas de la Marfuz quedó atrapada la existencia de varios proyectos y agrupaciones que hoy son parte de la historia del metal nacional.



Me he resistido a matar a la Marfuz (ya he tenido algunos intentos)  y volcarme al Ego Abominable (esta bitácora que es como el hermano menor del zine y donde continúo escribiendo y publicando con la inmediatez que ofrece la internet).



Hoy, con un nuevo número en circulación, con historias que hablan del metal ecuatoriano, aquel que no aparece en los medios comerciales de Ecuador, con amigos y amigas que se han sumado a la revista, colaborando desinteresadamente con sus textos, la revista sigue. He renovado mi amor por ella. Me he vuelto a reconocer como un periodista que sigue en una lucha personal: la de volver a los rockeros y metaleros, tanto manabitas como del país, lectores de historias que hablen de sus bandas y de los temas que les interesan. 


Vamos Marfuz, y que tu nombre se aleje de su maldición.