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domingo, 28 de julio de 2013

Dos alternativas para el rock y metal de Manta

Kushá.



El que se hayan dado dos conciertos seguidos en la ciudad (Huasamaltrapa II, viernes 26 / Thrash metal and beer, sábado 27)  es un síntoma de que los rockeros y metaleros continúan en la reafirmación de reconocerse dentro de una ciudad que no ha dado las facilidades idóneas para que el rock logre ser una manifestación artística masificada. Esto no ha sido un impedimento para que ambos conciertos hayan logrado público. Es evidente que existe apoyo, que urge, de parte de los actores sociales, ser partícipes de cada uno de estos actos. Y en este compromiso se avizoran más eventos en Manta.  


Rockin crueles.


La siguiente lectura no responde a una crónica fidedigna de lo ocurrido en ambas presentaciones, puesto que en la primera solo pude presenciar a las tres primeras bandas y la segunda (la que más me interesaba asistir) no pude ir por problemas de última hora. Así este texto más apunta a un breve análisis en torno a lo que el presente va configurando y no a lo ocurrido.



Laucha seca.

Dentro de los locales, Kushá, denotó la existencia de trabajo, hay experiencia en sus integrantes y temas inéditos que no tardarán en ser coreados por el público que empieza a asimilar su música.



Escuchar rock and roll con algunas cervezas bullendo en el interior, es interesante, así logré seguirle el son a Rockin crueles de Quito.


Laucha seca.



Pudo ser la desconexión con el género, los prejuicios, o simplemente la apatía de procesar su música, lo cierto es que no conecté con los chilenos Laucha Seca, para quienes sí lo hicieron lograron disfrutar a la banda, en ambos conciertos.



Me hubiese encantado apoyar a Munición, Vortex y Aneurisma, bandas que, desde sus géneros, han logrado un desarrollo acelerado y representan (no se puede negar) parte del Manta metalero extremo. Que persisten (sobre todo estas dos últimas) en legar su música a toda aquella comunidad que los escucha y vive junto a ellos cada presentación.  
 

Munición, foto tomada de la cuenta de facebook de Leonardo García.



Aún falta mucho por hacer respecto a una periodicidad más continúa de conciertos en la ciudad, que se integren otros géneros y agrupaciones, que se insista en la ruptura separatista que continúa latente. No es fácil. Así como tampoco lo es intentar retratos desde lo textual de una escena rockera y metalera.


Vortex, foto tomada de la cuenta de facebook de Leonardo García.

jueves, 18 de agosto de 2011

En el estudio con Aneurisma



Son las ocho de la noche, hace frío, el barrio en el que estoy es el Jocay, otra de las zonas rojas de la ciudad y aunque haya demasiado movimiento eso no me tranquiliza. He corrido hacia la puerta de garaje roja a la que me han dicho un día antes que debo tocar. Cinco minutos después ha salido Damián, está contento de que haya llegado. Pasamos y ya dentro de la casa estudio lo primero que hago es aceptar el vaso de caña manabita, tibia y calmante.

Jorge, el loco Jorge para muchos panas locales, está del otro lado del cristal, en un rincón, dándole duro a la batería, exprimiendo sus propias fuerzas, repitiendo el mismo tema (según me cuentan) la décima vez en apenas media hora. Está arrecho, sudado, con las venas de la frente más brotadas que de costumbre, desprendiéndose de cabello más de lo normal, pidiendo nuevos tragos de caña para no sucumbir en lo que queda de noche.

Félix no muestra alteración alguna, es el que más temple tiene. Su bajo es parte de sus miembros superiores, lo ha llegado a dominar tanto que no le importa tocar y charlar sobre esa estúpida concepción que el público a veces se crea en torno a las bandas. Es un pequeño personaje, pero un gigante explorador de respuestas sensatas.

Óscar es el más callado, las seis cuerdas lo tienen atrapado, es su vicio, no puede dejarlo: mañana, tarde y noche; casa, escenario y ahora estudio. Es su carga, y la ha aceptado con una sonrisa complicada de interpretar. Ha llegado a la parte en la que una de las canciones que ha ayudado a depurar necesita de un estremecedor solo. A el acude, se entrega y sacude, una descarga recorre sus muñecas.
 






Y una descarga menos emotiva recorre una de las mías, así que apuro el vasito blanco que alguien me ha pasado y derramo su contenido en mi boca. Sí, la noche apenas ha empezado, sólo he visto parte del sueño ajeno, sólo una reducida escena de aquella obra que se cuaja lenta y exigidamente en una noche fría y común para muchos, menos para un cuarteto de amigos que decidieron juntarse para hacer música de calidad, en una ciudad y provincia con muchas tendencias al facilismo de la bulla maldita y blasfema, sin contenido ni técnica.

Es el turno de que Damián se integre a las grabaciones (después de estar pendiente, junto al ingeniero de sonido, de lo que se graba). Se aferra al micrófono como si de ello dependiera su vida. Su voz ha encontrado el tono casi perfecto, sabe que le falta poco para alcanzar la cumbre, pero no se rinde y esa es la garantía de que en este proceso lo logrará. Aneurisma pesa sobre sus hombros, es su líder.
Han pasado cuatro horas desde que llegué. Todos están agotados y apenas ha sido un tema grabado. Quien haya sugerido comprar otra botella ha acertado, ahora toca descansar, escuchar una vez más lo grabado, cerciorarse de que no hay ningún error, planificar lo que se hará mañana y conversar sobre cómo debe quedar el disco en su totalidad. Mañana será lo mismo, pero es el precio de querer publicar un trabajo bien hecho. Eso me dice Damián y lo reafirman Jorge, Félix y Óscar, les creo, soy el mejor testigo de esta noche. El mejor testigo de este acontecimiento metalero en una ciudad que duerme e ignora todo esto.